Los artistas callejeros ya sean bailarines, malabaristas,
pintores o estátuas tienen algo en común sus casi infinitas horas de prácticas para estar lo más cerca posible de la perfección para atraer a los máximos espectadores posibles.
Si bien, hay gente que en sus ansias de conseguir la fama o por la necesidad de conseguir dinero, prefiere prácticar directamente mientras realiza su espectáciulo.
Un espectáculo fresco y cargado de cagadas y fallos más propios de un borracho que de un artista callejero.
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